lunes, 15 de noviembre de 2010

La sirena

¿Existen realmente las sirenas? Si una pregunta semejante puede hoy parecer capciosa, no lo era en modo alguno para los sesudos lectores del Times a principios de siglo.

El tradicionalmente considerado periódico más serio de Gran Bretaña suscitó en 1910 una curiosa controversia sobre la realidad de tan encantadoras criaturas marinas. Sin pronunciarse a favor o en contra, el Times publicó, sin embargo, la carta del respetable maestro de escuela William Munro, en la que describía su encuentro con uno de esos ambiguos y eróticos seres.

Ocurrió en una playa del condado escocés de Caithness, una tarde de verano de 1898. Munro divisó en lo alto de un promontorio lo que parecía ser una hermosa mujer desnuda. Pero al examinarla comprobó que la parte inferior de aquella estupenda señorita -cola y escamas- no era humana en absoluto.

Lo más sorprendente del relato, sin embargo, es la precisa descripción de la sirena. -Tenía la cabeza cubierta por cabellos de color castaño - escribe William Munro, si bien se hacían algo más oscuros en la coronilla. Su frente era redondeada, los carrillos mofletudos, las mejillas rubicundas, sus ojos eran azules, boca y labios parecían completamente normales; no puedo describir sus dientes pues tenia la boca cerrada; senos, abdomen, brazos y dedos correspondían en tamaño a los de un adulto de la especie humana; los dedos no parecían ser membranosos, aunque sobre este extremo no estoy muy seguro...

Durante dos o tres minutos, la supuesta sirena se dejó observar tranquilamente por el asombrado Munro y luego, con un delicado movimiento de sus escamosas caderas, se dejo resbalar lentamente hacia el mar, hundiéndose en tenebrosas profundidades.

Relato sacado de la revista año cero del nº 6

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